BELLEZA Y SALUD

Exfoliación facial: mitos y realidades para lograr una piel luminosa sin dañarla

La exfoliación es uno de los pasos más populares —y también más malinterpretados— del cuidado facial. Aunque ayuda a eliminar las células muertas acumuladas en la superficie, realizarla incorrectamente o con demasiada frecuencia puede causar irritación, sensibilidad y daños en la barrera cutánea.

“La exfoliación puede transformar la apariencia de la piel, pero el secreto no está en hacerla con mayor frecuencia, sino en elegir el producto adecuado y respetar la barrera cutánea”, explica “La alquimista de la belleza” la doctora Maribel Pedrozo, reconocida especialista en cuidado facial en Miami.

¿Realmente es necesario exfoliar?

La piel elimina células muertas naturalmente, pero este proceso puede hacerse más lento con la edad y debido a factores como la exposición solar, la contaminación y los cambios hormonales. Una exfoliación adecuada ayuda a revelar una piel más luminosa, suave y uniforme. También puede mejorar la apariencia de los poros y facilitar la absorción de sueros y cremas.

Sin embargo, uno de los mitos más comunes es pensar que exfoliar diariamente deja la piel más limpia y bonita. “Exfoliar la piel todos los días no necesariamente la hará lucir mejor. Por el contrario, el exceso puede provocar irritación, sensibilidad, enrojecimiento y hasta nuevos brotes”, advierte la especialista.

Exfoliantes físicos, químicos y enzimáticos

Los exfoliantes físicos contienen partículas que desprenden las células muertas mediante fricción. Deben utilizarse suavemente, evitando fórmulas con gránulos ásperos o irregulares, especialmente en pieles sensibles o con acné.

Los exfoliantes químicos incluyen ingredientes como los AHA y BHA. “Los AHA, como el ácido glicólico y el ácido láctico, ayudan a mejorar la luminosidad y la textura, mientras que el ácido salicílico puede ser beneficioso para las pieles grasas o con poros congestionados”, señala la Dra. Pedrozo.

Por su parte, los exfoliantes enzimáticos, formulados frecuentemente con enzimas de papaya, piña o calabaza, suelen actuar de manera más delicada y pueden ser una alternativa para algunas pieles sensibles.

¿Con qué frecuencia debe exfoliarse la piel?

Como orientación general, una o dos veces por semana puede ser suficiente. Las pieles secas o sensibles quizás necesiten una frecuencia menor, mientras que algunas pieles grasas pueden tolerar hasta dos o tres veces por semana.

“No existe una frecuencia de exfoliación que funcione para todas las personas. Algunas pieles toleran dos veces por semana, mientras que otras necesitan hacerlo con menos frecuencia”, aclara la experta.

La exfoliación debe evitarse cuando existen quemaduras solares, heridas, irritación intensa o brotes inflamados. Tampoco debe realizarse inmediatamente después de tratamientos con láser, peelings, microneedling u otros procedimientos estéticos, a menos que el profesional tratante lo autorice.

“Después de un procedimiento estético, una quemadura solar o durante un brote inflamatorio, la piel necesita recuperarse. Exfoliarla en ese momento puede intensificar la irritación y retrasar su reparación”, asegura la doctora.

Cómo combinarla con retinol y vitamina C

El retinol y los ácidos exfoliantes pueden provocar irritación si se utilizan juntos. Lo más prudente es alternarlos en noches diferentes y acompañarlos con una crema hidratante. La vitamina C puede aplicarse por la mañana y el exfoliante por la noche, siempre que la piel lo tolere.

“Si utilizamos retinol y exfoliantes químicos, lo recomendable es alternarlos. Combinar demasiados activos al mismo tiempo puede comprometer la barrera protectora de la piel”, recomienda la Dra. Pedrozo.

Protección solar: indispensable después de exfoliar

Después de una exfoliación, la piel puede quedar temporalmente más vulnerable y sensible a la radiación ultravioleta. Por eso, la aplicación de un protector solar de amplio espectro con SPF 30 o superior es indispensable cada mañana, incluso en días nublados. También debe reaplicarse aproximadamente cada dos horas cuando exista exposición al sol, así como después de sudar o nadar.

“Exfoliar sin proteger la piel del sol puede favorecer la irritación y la aparición de manchas. El protector solar no es opcional: es el paso que ayuda a conservar los beneficios obtenidos y a prevenir nuevos daños”, enfatiza la especialista.

Bien elegida y utilizada con moderación, la exfoliación puede aportar luminosidad, suavidad y una textura más uniforme. “La piel luminosa no se consigue agrediéndola. Se logra con constancia, productos apropiados, hidratación y protección solar diaria”, concluye la Dra. Maribel Pedrozo.

Referencia

Dra. Maribel Pedrozo

“Alquimista de la belleza”  

 IG @drmaribelpedrozo

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www.drmaribelpedrozo.com 

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